Amor
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No hay mejor regalo que la presencia de un amigo, que la imagen de un bello paisaje que se rinde a tus pies; no hay nada comparable al olor de la hierba fresca y húmeda que desprende la madrugada. Nada tan hermoso como la calidez de un fuego, o el simple recuerdo de todos aquellos que permanecieron en su momento allí, junto a ti, mostrando sin palabras su compañerismo y su enorme dedicación. Nada tan profundo como el amor que sienten los demás por ese alguien que representas y que tanto te cuesta a veces asumir. Quizá, hoy sea el día en que esa insignificante persona deba dar un paso más. El día en que decida hacer tambalear sus cimientos por voluntad propia, salir a la calle, aceptar el frío, el dolor, el miedo… Ese día que ella permanece sola en mitad de la calle, cubierta por la tenue luz de una farola, observando con nostalgia los frágiles copos de nieve y donde tú aparecerás por fin, bajo su asombro, para regalarle tu sinceridad y abrirle tu corazón. Debemos dar, pues la felicidad no se halla cuando encuentras una compensación a tus actos, sino cuando sientes que se ilumina tu propio rostro en el de los demás.



©Xavier Turell Nebot

Derechos reservados por el autor.


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